Comprar un coche usado puede suponer un fin de semana recorriendo concesionarios, haciendo pruebas de conducción y rellenando papeles. Carvana traslada todo ese proceso a una pantalla. Los compradores estadounidenses consultan su página web, hacen una visita virtual de cada coche y después lo compran y lo financian por internet. Un empleado de Carvana entrega el coche en un camión con la marca de la compañía, o bien el comprador lo recoge en una de sus torres de cristal que funcionan como máquinas expendedoras. Carvana también compra coches a particulares. La compañía controla toda la cadena que hay detrás de la pantalla: compra los coches, los reacondiciona (los repara y los prepara para su reventa) en sus propias instalaciones y los transporta a través de su propia red nacional de entrega.
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